jueves, 9 de febrero de 2017

España; Sobre indignados y precarios.

8 febrero 2017
Albino Prada – Comisión JUFFIGLO de ATTAC España

Para comprender los cambios sociales y políticos que se están produciendo en España creo que se hace necesario regresar, una vez más, al asunto del declive de la clase media y de nuestra galopante desigualdad social. Tanto en lo que tienen de diagnóstico de hacia dónde nos está llevando el modelo neoliberal que campa a sus anchas (más aún desde la crisis del 2008 que gestionaron como una terapia de shock), como hacia dónde nos puede acabar llevando todo esto si no se cambia de rumbo. Tanto en lo económico como en lo político.

Pues bien, con datos de la última encuesta de población activa, la parte de la población que podemos considerar en una situación de precariedad laboral ya supera la mitad del total de los activos. Pues la suma de desempleados y ocupados precarios (con contratos temporales o a tiempo parcial) suma más de diez millones de personas. Millones de personas que no cuentan con un empleo estable a tiempo completo, que les permita un bienestar adecuado en sus vidas y, menos aún, plantearse proyectos de futuro (jubilación, hijos, etcétera).

Aun así, esa suma no recoge toda la población activa española que está en la cuerda floja, ya que queda fuera aquella que, por ejemplo, en muchos empleos autónomos o en la economía sumergida, no viven mejor que los asalariados precarios. Tampoco incluye a aquella parte creciente de los ocupados, a tiempo completo y de forma estable, que día a día están viendo cómo sus condiciones salariales y de dignidad en el trabajo se van deteriorando.

Una combinación de desempleo masivo y deterioro de las relaciones laborales que no tiene precedentes. Pues el auge de subcontrataciones de toda naturaleza está corroyendo (en el sector privado, también en el público) la otrora seguridad y estabilidad en un empleo o en una misma empresa. El precario desconoce el concepto de salario mensual y asume que nunca será un jubilado.

Es fácil imaginar que a esta, por lo bajo, mitad de la población activa española, sea interés de muchos el manipularla en lo relativo a las causas y alternativas de su lacerante situación. En Francia, el Reino Unido o EE.UU. está teniendo éxito político imputar como culpables a los inmigrantes.

En el caso de España, el ruido de fondo pasa por descalificar a los trabajadores con un ingreso digno (del sector público o de las empresas privadas que aún compiten desde un capitalismo decente) como privilegiados. De manera que en vez de plantearnos cómo igualar (por arriba) al precariado nacional con los no precarios, lo que se abre camino político (en la reforma laboral, de la jubilación, políticas activas de empleo, prestaciones de desempleo, etcétera) es cómo deshacerse cuanto antes de los llamados privilegiados.

Una corrosión social galopante que destroza la clase media-trabajadora a la que prometen llevarnos nuestros gobernantes de gran coalición. Con medidas sobre el salario mínimo, renta básica y la pobreza energética no llega. De poco vale taparse con un paraguas de la lluvia cuando el barco se hunde.

Publicado en La Voz de Galicia