Rubalcaba hace
de la reforma constitucional el mantra de su plan de renovación
“Para ofrecer un proyecto
alternativo de fondo hay que ir al fondo, a las reglas mismas de nuestra
convivencia. Y estas reglas están escritas en la Constitución”. Esta frase es la
médula de la propuesta de renovación del proyecto socialista que Alfredo Pérez
Rubalcaba planteó este sábado al Comité Federal del PSOE, que aprobó por
unanimidad su hoja de ruta para 2013 y le prorrogó por un año el aval como
líder único del partido, soslayando el debate sobre la fecha para la
celebración de las primarias de las que debe surgir el candidato electoral.
El escenario de una reunión tensa del sanedrín socialista,
que no volverá a reunirse hasta junio, se vio desactivado por una doble
circunstancia: el anuncio del PSC de que votará en contra
de la declaración soberanista del Parlamento de
Cataluña propuesta por CiU y ERC, lo que apaciguó las discrepancias de fondo
que persisten sobre el modelo territorial; y la finta de Rubalcaba al evitar
plantear una fecha cerrada para la convocatoria de las primarias, lo que le
permitió achicar el campo de debate para llevarlo al terreno que quería, el de
la alternativa programática, que el PSOE elaborará entre febrero y octubre.
Rubalcaba obtuvo el respaldo del Comité Federal a su planteamiento de
convertir la reforma de la Constitución, a la que el PSOE despojó ayer por
primera vez del velo del tabú, en el mantra de la readaptación de su
proyecto. Lo que vino a decir el líder socialista es que la democracia
está “herida” por la crisis (y por la corrupción, “que nos tomamos muy en serio
o nos llevará por delante”). Y, a su juicio, para resolver la crisis
socioeconómica hay que afrontar la crisis del sistema político-territorial, lo que exige, como
corolario, cambiar la Constitución para “recuperar los consensos rotos”.
La reforma que quiere impulsar afecta de manera destacada al modelo
territorial, pero también al ámbito socioeconómico: “Hemos introducido el
principio de estabilidad presupuestaria. Completémoslo con la estabilidad
social, recogiendo derechos como la sanidad”. Y, junto a todo ello, la apuesta
por invertir las prioridades de la política económica para anteponer la
creación de empleo al control del déficit.
Cataluña y el PSC
A pesar de que el planteamiento va mucho más allá de proponer reformas
puntuales, como se había hecho hasta ahora, Rubalcaba subrayó que en ningún
caso se trata de “abrir un proceso constituyente”. La afirmación tenía un
destinatario muy concreto: el PSC.
El primer secretario de los socialistas catalanes, Pere Navarro,
defendió abiertamente que se reconozca “el derecho a decidir” en una consulta legal, acordada y vinculante, y Rubalcaba le contestó con
rotundidad que si el debate se centra en eso “no habrá salida” porque “no
cabe”. Pero, corroborada esta discrepancia, ambos compartieron la necesidad de
buscar “una solución socialista” como tercera vía entre el
soberanismo de los nacionalistas y el neocentralismo del PP.
Para alcanzar un punto de encuentro (o de conllevanza), Rubalcaba ofreció una “reforma federal” de la Constitución y Navarro, satisfecho de que el PSOE diga “algo más que no” a la
independencia de Cataluña, renunció explícitamente a que el derecho a la
autodeterminación sea recogido en la Carta Magna.
Es en este contexto de la articulación territorial de España en el que
adquiere su dimensión real la afirmación de Rubalcaba de que su propuesta no
pretende desembocar en “una nueva” Constitución. Aunque ayer no lo
explicitó, el líder del PSOE descarta de plano cambiar la denominación
de “Estado de las Autonomías” por la de “Estado Federal”. Su propuesta se
acota a cinco puntos: reforma del Senado, denominación de las Comunidades
Autónomas, delimitación de las competencias del Estado, incorporación de las
claves del modelo de financiación e introducción de mecanismos de “lealtad
federal”.
El asunto es de tanta trascendencia y tan sensible dentro del PSOE
que será el único gran apartado de la renovación de su proyecto que, en
lugar de llevarse a una miniconferencia sectorial, se dilucidará en una reunión del Consejo Territorial, órgano restringido a
los secretarios regionales y presidentes autonómicos, antes de someterlo a la
Conferencia de octubre. Y la idea de partida es que el PSOE tampoco podrá hacer
un planteamiento cerrado porque, para que prospere la reforma, tendrá que
negociarse con el PP (con el que ayer se daba “prácticamente por
imposible” un pacto para la reforma de las administraciones locales) y con
los nacionalistas.
Las primarias no tocan
El ansia interna de debatir se plasmó en diez horas de reunión y la
petición de 47 turnos de palabra, en los que apenas tuvo cabida el
controvertido asunto de la fecha de las primarias para elegir al candidato,
sobre la que sigue existiendo diferencia de criterios sobre si, descartadas
para este año, es mejor hacerlas a comienzos o a finales de 2014.
Rubalcaba dijo a las claras cuál es su idea (segundo semestre de 2014): “Vamos a definir el trabajo de 2013, previo a
las elecciones europeas que, a su vez, abrirán paso a los procesos de selección
de candidatos para municipales, autonómicas y generales de 2015”. Pero no
dio pie para la discusión al presentar su deseo como el “calendario natural”,
evitando plantear una propuesta concreta sobre una decisión que calificó de
cuestión “estratégica”.
Así, ni siquiera entró en el asunto el madrileño Tomás Gómez,
con el argumento de que ya todo el mundo sabe cuál es su criterio: “cuanto
antes”. Por el contrario, el andaluz Mario Jiménez defendió,
aunque de pasada, que deberían ser “cerca de las elecciones”. Sólo el
castellano-manchego Emiliano García-Page insistió
abiertamente, pero ante los medios de comunicación, en que sería mejor a
comienzos del año próximo.
A la vista de lo ocurrido ayer, la fecha concreta no se decidirá
hasta después de la Conferencia Política porque todos son conscientes de que el
día que se anuncie comenzará la campaña y, una vez que se ha acordado
dedicar este año al debate de las ideas, hacerlo ahora sería como dispararse en
los pies. Pero también existe una impresión muy extendida de que, una vez
aprobada la nueva oferta programática, el “calendario natural” de Rubalcaba
cederá ante “la lógica política” de querer saber cuanto antes “quién pone cara”
a ese nuevo proyecto.
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