miércoles, 8 de enero de 2014

Brasil, el país que mira al mundo.

La ilusión brasileña.

Ibérica de raíz, mestiza en el destino, embelesada por el poder, heroica, marinera, sensual, inclinada a la intriga novelesca y a la poesía, el alma de Brasil vive su tiempo más luminoso.

Vista de la favela Matinha, junto al barrio de Tijuca, de clase media. / FRANCESCO ZIZOLA
El país donde se nace proporciona una visión utópica. No hay imparcialidad a la hora de definirlo. Abordo Brasil con cuidado. Acierto y me equivoco. Mas poco importa. Quién acertaría lidiando con un país de semejante magnitud, con un territorio que al sobrevolarlo se corre el riesgo de pensar en el Caribe, a pesar de seguir dentro de sus fronteras. Y que, a pesar de esta desmesura, no sufre turbulencias lingüísticas. Con el privilegio de ser mestizo en el cuerpo y en la memoria sincrética. Un mestizaje que va más allá de los cuerpos, pues ha teñido el alma y devora las entrañas de su cultura, que es insidiosa y espléndida, como debe ser.

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