Que se vayan
La degeneración y la corrupción nos llevan a la decadencia, la descomposición desde la perversión de hombres y mujeres públicos. El envilecimiento y el soborno, el cohecho y el unto, provocan un insoportable aire enviciado que la ciudadanía no puede soportar más.
Deben irse, a su puesto de trabajo, a su casa y, desde luego, al Juzgado. Una organización puede permitirse la peste de tener uno, dos o cien corruptos, pero las instituciones no pueden soportar que estos dirijan el sistema, lucrándose y, por lo tanto, mofándose de todos nosotros.
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