| Eva Saiz Escolano |
La autonomía energética de EE UU cambia la alianza con Arabia Saudí.
Aunque las prioridades pueden cambiar, los expertos advierten de que Washington no puede dejar de ignorar el peso estratégico de Riad en la región.
| Planta de extracción a través de la técnica de fractura hidráulica en California. / D. M. (AFP) |
“Los roles están cambiando. La geopolítica de la energía global está
sufriendo una metamorfosis enorme, como han puesto de manifiesto los
últimos acontecimientos políticos en la región. Después de todo,
Washington ya no depende del petróleo de Oriente Próximo con en años
anteriores”. Así describía The Saudi Gazette,
hace unos meses, el contexto de la visita del presidente Barack Obama a
Arabia Saudí. La liberación del lastre de la sumisión al crudo de la
región, gracias a la revolución energética que ha experimentado Estados
Unidos de la mano del fracking, ha permitido a la Casa Blanca
reestructurar su estrategia y redefinir sus prioridades en una zona que,
sin embargo, no puede darse el privilegio de desatender.
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