La muerte de un estadista
Adolfo Suárez,
cuentan sus biógrafos, nació en Cebreros porque así lo quiso su madre.
El frío abulense le tuvo que conducir, más a la conversación que a la
lectura, en mayor grado a la tolerancia que a la exclusión.
Aunque no fuera buen estudiante, de niño, Adolfo, era un despliegue de
liderazgo entre aquellos jóvenes que corrían por las intrincadas calles
de Ávila, ciudad amurallada de los prejuicios de su tiempo donde vivía.
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