Liberal. Economista. Director de Portal Local. Metido en el mundo de Internet por pasión. De algunas cosas, sé algo.
Por profesión, por devoción, tengo instalado en mi aplicación de Twitter, una columna en la que se seleccionan todos los tuits en los que aparezca la palabra “Alcalá”. Se trata de una columna con mucho juego porque hay varias “alcalás” en España, porque hay una estrellita del porno que utiliza nuestro querido topónimo como nombre artístico y porque es un apellido de algunas personas activas en esta red social. Tengo asociado un breve “bip” a cada nuevo tuit y el pasado jueves la aplicación se convirtió en un continuo “bip, bip, bip, bip”…
La culpa fue del Obispo de “bip”, digo de Alcalá. Centenares de retuits con menciones a las declaraciones de monseñor Reig Pla en las que criticaba ácidamente al PP, a Rajoy y comparaba el “Tren de la Libertad” de las mujeres a favor del aborto con los trenes cuya vía muerta acababa en las calderas de Auschwitz.
La “carta pastoral” del obispo incendió las redes sociales y, excepto los más católicos, que preferían callar y esconderse debajo de las piedras, la gran mayoría de los que volcaban su opinión en las redes sociales lo hacían de forma muy negativa.
Alcalá se situó como “trendig topic” en España durante horas y horas, como diríamos en el otrora célebre concurso “1, 2, 3… responda otra vez”, en la parte negativa.
Vivimos en una sociedad llena de excesos. A la Iglesia Católica le deberíamos exigir mesura en la defensa de sus predicamentos y las salidas de tono del Obispo de Alcalá no le hacen ningún bien. Pero es un exceso también que las mujeres a favor del aborto se autodenominen “tren de la libertad”. En mi opinión, un aborto no puede ser una decisión libérrima sino un mal menor. Personalmente, la primera ley del aborto de 1985 con su modelo de supuestos, terciaba cual Salomón en el penosísimo deber de legislar sobre apagar la vida de un ser humano.
Pero no quiero alejarme del objetivo de este artículo. No quiero pontificar sobre derechos y deberes, sobre excesos y quebrantos. Mi intención es valorar el mal que está suponiendo para Alcalá de Henares la existencia de un Obispo lenguaraz y de un alcalde tan incompetente, como máximos exponentes de lo que llega a las redes sociales sobre nuestra querida ciudad.
Aunque algún compañero le guste decir que “tenemos lo que nos merecemos”, más bien tenemos lo que nos hemos ganado. Tenemos un Obispo que sólo se lo desearía a Alcalá de Henares de Abajo si nosotros fuéramos Alcalá de Henares de Arriba y un alcalde al que retiraría de la política y le plantaría de patitas en el sector privado para que intente allí ganarse la vida de manera honrada.
Los excesos verbales de Su Eminencia en la legítima defensa de sus creencias, que seguro que muestran las enseñanzas del credo religioso que profesa, no son admisibles en un mundo como el actual. Sus comparaciones del desviado exceso libérrimo que defienden las pro-abortistas con el Holocausto nazi es “pasarse tres pueblos”. El tratamiento de la homosexualidad como una enfermedad o como una desviación inmoral es retrotraerse a un medievo oscuro y caduco.
Al final lo que queda es que Alcalá de Henares aparece en medios de comunicación de medio mundo ligado a las opiniones de nuestro Obispo que generan el rechazo del 95% de las personas que las leen. Además, parece el Sr. Reig Pla que no sabe que tiene el foco de los medios de comunicación puesto encima siempre a cada una de sus palabras y sus acciones. O quizá sea por eso que se convierta en azote verbal de comportamientos que la Iglesia Católica considera negativos y use el exceso, para aumentar el tamaño del altavoz que transmite sus mensajes.
En cualquier caso, Alcalá tiene la necesidad de decir que no nos interesa un representante en los mencionados términos. No nos viene bien, no nos interesa. Personalmente le diría: “No estoy de acuerdo en las opiniones que tiene y en cómo las expresa y, aunque defiendo que pueda seguir diciéndolas, le rogaría que no utilizara el nombre de Alcalá en la firma de las mismas por el daño que hace a la ciudad que representa”.
Y, ¿qué decir de nuestro alcalde? Convertido en el mayor enemigo de sí mismo, se ha convertido también en el peor de los representantes posibles de Alcalá de Henares. Éste sí que nos lo hemos ganado votando al partido que representaba, aunque nos engañaron poniendo un rostro más amable en los carteles de la campaña electoral.
En las últimas semanas, ha perdido el tiempo diseñando un sistema de premios y condecoraciones en la Policía Local que habría de servir para premiar a su única amiga política en Madrid, la Delegada del Gobierno, Cristina Cifuentes, y a él mismo, si un ataque frenético de cordura no le hubiera hecho renunciar a algo tan indecente en el último momento. Un sistema de premios que equipara las acciones de heroísmo y las décadas de servicio con un puesto político de dos años y medio. ¡Vaya manera de desprestigiar lo que pretendes hacer bueno!
En la misma semana estuvo a punto de tirar a la Virgen del Val por el suelo en su afán por ser “el niño en el bautizo y el muerto en el entierro”. Vaya momento matéfora de lo que estamos viviendo en Alcalá.
Y, ¿qué me dicen de la manera de dilapidar la trayectoria de un premio como el “Cervantes Chico”? También hemos conocido esta semana que, en uno de sus habituales arranques de incompetencia, ha mercantilizado el premio, entregándoselo a ‘El Corte Inglés’ y arrebatándoselo a los libreros de Alcalá que “desde siempre” lo habían organizado. Se trata de una polémica que nunca debió producirse porque un premio es siempre lo que haya sido en las ediciones anteriores y eso significaba seguir contando con el gremio que lo potenció. ¿Qué, ahora vamos a pedir a la Reina que venga a entregar el premio de ‘El Corte Inglés’?… Y vendrá…
Era una nueva muestra del talante del alcalde, que llegó poco después de saber que la bandera a la que se rindió homenaje en la rotonda del Chorrillo había sido adquirida por una empresa local y que eso había dado derecho a uno de sus representantes a portarla. Vamos, que vendemos la cultura local a quien más pague y el sentimiento nacional también.
Lo que esconde todo esto es la dificilísima situación económica de las arcas municipales y la invocación al ingenio para intentar hacer creer que las cosas siguen igual. Pero no es así. El Equipo de Gobierno de Bello se ha convertido en la “Casa de Tócame Roque”, donde la única consigna es nadar a favor de la corriente para ganar número en la próxima lista popular que está destinada al destierro opositor con semejante líder y semejante organización. Ni un triste verso suelto al que poder agarrarse.
Pidieron 20 millones a las entidades financieras pero sólo obtuvieron 10 de aquella que necesitaba con rapidez abrir oficina en plena Vía Complutense. La gestión del mercado cervantino convertida en negocio para terceros, como la limpieza, la gestión del agua, las ferias… seguro que a ustedes se les ocurre algún ejemplo más. Y mientras, entregando cientos de miles de euros a los medios que le permitan salir en hasta 14 fotos por doble página.
Aquí lo dejo hoy.
P.D. Hay trajes que, aunque comprados “de gratis” en Milán, sientan mal. Abrochados porque te están pequeños (que creías tu que una talla menos era la tuya, pero igual en Italia tallan de otra manera) y, sueltos, porque no corresponden al momento ceremonial en el que te encuentras. En cualquier caso, mal y mal y así lo haces todo, chico. Tu sabrás.

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