Alonso Guerrero
Las nuevas mayoríasMIÉRCOLES, 08 OCTUBRE 2014 09:42
Citar a Rajoy es absurdo. Produce la misma sensación que hablar de política en este país. Hablar de política es desproporcionado, igual que desarrollar los biceps haciéndose el harariki, pero ayuda a mantener una idea tenebrosa sobre todo, a sentirse útil. Bien, pues Rajoy les ha dicho a los suyos que se vayan olvidando de la mayoría absoluta, o algo así. La caída parece inevitable desde hace mucho tiempo. A su vez, Ignacio González, aquí en Madrid, alerta de que lo de las tarjetas en b puede beneficiar a Podemos, así que seguir en el poder, siquiera acercarse a él va a requerir pactos distintos a los actuales. No pactos como los de Unión Canaria o Convergéncia, siempre en el escenario nacional, mientras en sus parterres Cataluña y Canarias trinan por la independencia y el petróleo. Han de ser nuevos pactos, alianzas brutales que mantengan al PP entre la realidad y la ficción, es decir, detrás de una pantalla de plasma.
Hay que construir nuevas mayorías, espejismos que sean el reflejo de las que están surgiendo abajo, la mayoría del finiquito, del contenedor, la mayoría que sale a la calle no porque lo prefiera a quedarse en casa, sino porque no tiene casa. El PP, ante su disolución, se da cuenta de que lo mejor es ser demócrata, ¿no? Comprar medicinas para la hepatitis, traer a España a los compatriotas infectados de ébola, porque no tomar estas decisiones podría beneficiar a Podemos. Somos un país tercermundista, así que tenía que caernos el ébola. Nos gobiernan un plantel de vendedores, por eso es inevitable que vivamos bajo los miles de puentes que conectan una hipoteca y el desahucio.
Ahora la izquierda tiene muchos colores, así que la nueva mayoría tendrá que surgir del pacto con el PSOE, otro partido de rumiantes, con todas sus trinchera y barricadas que han sido incapaces de soportar la carga de la realidad. Podemos arrasará, en efecto, en los dos comicios del año que viene. Es inevitable: todo, ahora, beneficia a Podemos. Y nos da el pálpito de que los que gobiernan no saben cómo parar esa caída, por la simple razón de que toda política sobra. En España no hace falta política, sino justicia. Deberían gobernar los jueces, aunque algunos sean inhabilitados por decir la verdad.
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