PIDO LA PALABRA POR ALUSIONES
Escrito por Juan Antonio Camargo
Dedicado a Javier Rodriguez Palacios, presunto líder del gobierno tripartito del recambio en la Ciudad Patrimonio de la Humanidad de Alcalá de Henares
El Gobierno local dice que ha heredado un Ayuntamiento "en estado de intervención"
Pedro Pérez Hinojos - Martes, 13 Octubre 2015 12:56El alcalde, junto a los ediles de los tres grupos que forman el Ejecutivo, ha hecho balance de sus primeros cien días, destacando las medidas de choque y las actuaciones en pos de la transparencia y para capear "la fractura económica y organizativa" del Consistorio. Leer más.
Herencia recibida (el cuento de los tres sobres)
Publicado el 08/12/2011
Cuando escucho a tantos
líderes “in pectore” comentando la magnitud de “lo que se encuentran”… pienso
en el cuento ruso de “Los tres sobres”, que publiqué hace años (El País, 13 de
noviembre de 1982) y que es adecuado resumir ahora cuando, siguiendo una
inveterada costumbre, quienes van a asumir responsabilidad se curan en salud
exagerando de entrada la situación, a pesar, en el caso concreto que ahora
comento, de que en muchos casos ya conocían la extensión y profundidad de las
heridas por su propia experiencia “casera” en las Comunidades Autónomas en las
que gobernaban desde hace tiempo.
No son pocos los previsibles
curanderos que hablan de la imperiosa necesidad de “reformas estructurales”,
así, en genérico… como en el cuento ruso: “¿El nuevo Rector todavía habla bien
de usted?”. Asentí vigorosamente, haciendo con los labios y la cabeza gesto de
convicción plena, que quizá logró ocultar mi sorpresa. “Pues dejará de hacerlo,
ya lo verá”, me comentó un conocido científico ruso de visita en la Universidad
de Granada. Su respuesta, considerando inexorable que mi sucesor hiciera recaer
sobre mí buena parte de sus infortunios me había causado gran perplejidad. Al
advertirlo continuó: “¿Conoce la historia de los tres sobres? Es un viejo
cuento ruso que se aplica a todas las transmisiones de responsabilidad. En el
momento del relevo, el que se va entrega discretamente al que llega tres
sobres, numerados 1, 2 y 3, y le dice que los guarde en el cajón central de su
despacho y que cuando esté muy apurado los abra en el mismo orden.
Pasados los primeros días, a
veces las primeras semanas, se desvanecen las favorables perspectivas
iniciales; todo está muy difícil, los problemas son muchos y muy acuciantes… y,
en la soledad de su oficina, el nuevo en el cargo decide abrir el primer sobre
que le dejara su antecesor. La carta que contiene dice escuetamente: “Hable mal
de mí. La culpa la tengo yo”… Incluso a pesar suyo, la aplicación de esta
fórmula se revela positiva y, en efecto, transcurren varios meses en los que la
referencia a los errores anteriores, al “lamentable estado en que me han dejado
todo esto” o “la falta total de visión de mi predecesor”, etc., permite ir
trampeando la situación.
Pero, claro está, llega un
momento en que la toma de posesión queda ya demasiado lejos para escudarse en
ella. Y las cosas no van muy bien, para qué negarlo, porque es difícil, muy
difícil, que las cosas, cada vez más complicadas, puedan mejorarse de forma
patente, y se llega otra vez a una situación en la que sólo y acosado abre el
cajón central de la mesa y extrae el segundo sobre. Su contenido reza así: “Con
las presentes estructuras nada puede hacerse. Cámbielas”. La reforma
estructural proporciona a nuestro hombre grandes satisfacciones personales y
origina brillantes expectativas. Durante algún tiempo, las modificaciones
introducidas -algunas de ellas tan irrelevantes, hay que reconocerlo, como
pasar los negociados de la planta segunda a la sexta y los archivos de la sexta
a la segunda- confieren buena imagen y se reciben plácemes de los superiores.
Pero, aunque sólo sea por la
propia erosión que produce el ejercicio de cualquier cargo, cuando no por la
más frecuente razón de ineficiencia o incompetencia en su desempeño -y aquí mi
colega ha adoptado una expresión sombría y fatalista- se llega a un punto, más
o menos tarde, en que tampoco las estructuras son ya remedio para los graves
problemas que por doquier rodean al protagonista de este relato.
Las circunstancias son tales
que, aún sabiendo que se trata de su último recurso, abre nerviosamente el
tercer sobre: “Vaya escribiendo a prisa otros tres sobres para su sucesor. Su
cese es inminente”.
Con frecuencia, desde
entonces, he recordado esta espléndida historieta rusa. Hoy lo hago de nuevo,
con la profunda complacencia con la que el fundamental cambio operado en
nuestro país permite recontarla… Y, como entonces, pero en mayor grado todavía,
podemos matizar el cuento porque no se trata de ceses fulminantes en el relevo
de la Administración del Estado, sino de una ordenada transferencia de
funciones de acuerdo con los resultados de las urnas. Además, porque -con independencia
de que en ocasiones las del primer sobre puedan ser merecidas y las del segundo
razonables- la alternancia del poder, propia de un país democrático, ahuyenta
el mandato imperativo del tercer sobre y, sobre todo, porque los que ocupan
cualquier cargo en países realmente libres se saben observados por el gran
protagonista de la democracia: el pueblo.
Y el pueblo sabe bien el
significado del cuento ruso de los tres sobres…
Copyright © 2011 · Federico
Mayor Zaragoza
Habrá ampliación>>>
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