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| 29/11/2020 Daniel López-Acuña José Martínez Olmos Alberto Infante Campos |
Situar la Navidad como horizonte, cuando la incidencia es aún diez veces mayor que la que había al comenzar el verano o la que hay que alcanzar para tener suficientes márgenes de seguridad en el manejo de la pandemia, nos llevaría a repetir, con creces, el error de la desescalada exprés del verano.
El lunes 23 de noviembre el Centro Europeo de Control de Enfermedades (ECDC) publicó sus Proyecciones actualizadas de la COVID-19 en los países de la Unión Europea, el Espacio Económico Europeo y el Reino Unido. En ellas quedó muy claro que, ante el actual escenario de alta incidencia, alta presión asistencial y alta mortalidad de la pandemia en toda Europa, resulta fundamental no obrar con precipitación relajando prematuramente las medidas restrictivas que están en marcha para reducir la transmisión de la enfermedad, especialmente de cara a las celebraciones navideñas y de fin de año. De lo contrario nos encaminaríamos indefectiblemente a una tercera ola, de magnitud semejante o incluso mayor que las anteriores. Una tercera ola que tendría, además, la particularidad de producirse en plena temporada invernal y con un alto nivel de desgaste en nuestros profesionales y en los servicios de atención primaria y hospitales. En especial en las UCI, cuya presión por la COVID-19 alcanza niveles aún dramáticos. Seguir leyendo>>

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