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12/11/2020 Francesc Peirón |
Algo que ya ha quedado más que claro. El presidente Donald Trump, si se va, no lo hará con discreción sino metiendo ruido.
¿Ruido de sables?
Temor a que, enrocado en su negativa a la derrota, trate de utilizar el ejército en las calles.
Plantear esta cuestión parece poner a Estados Unidos al nivel de las repúblicas bananeras, de países con procesos democráticos débiles, tan criticados desde el considerado territorio ariete de las libertades y el respeto a la voluntad de sus ciudadanos.
Pero a la destitución fulminante y por Twitter de Mark Esper, secretario de Defensa, asunto inusual para el periodo de traspaso de poder en la Casa Blanca, le ha seguido la purga de otros tres cargos y su sustitución por republicanos extremistas. O, mejor dicho, por trumpistas muy leales al presidente. Entre estos, Anthony Tata, que calificó de “líder terrorista” a Barack Obama.

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