
Martes, 12
de febrero de 2013
La situación económica es
producto de la pobreza ética
Mario Alonso
Puig*
Cuando un
enfermo va a un hospital, no es simplemente un cuerpo doliente el que acude a
ese centro asistencial para que lo arreglen. Nos pongamos como nos pongamos,
todos nosotros somos seres completos, seres que, por supuesto, tenemos un
cuerpo, pero que no podemos ser reducidos simplemente a eso, a un cuerpo.
Todo ser
humano es ante todo persona y, por eso, hay dimensiones en su vida que no se
pueden explicar como el simple funcionamiento de un conjunto de órganos y
sistemas, por sofisticados que estos sean. La ciencia agota sus argumentos
cuando intenta explicar cómo es posible que se comuniquen como lo hacen los
cien mil millones de neuronas que se encuentran en el cerebro o los trillones
de células que componen nuestro cuerpo. No podemos reducir la inteligencia, la
libertad o el amor, a la actividad de un conjunto de núcleos cerebrales,
neuronas y neurotransmisores. Si aceptamos que todo, hasta lo más sutil y
sublime que hay en nuestra vida es sólo eso, materia, entonces también
tendremos que aceptar que no somos libres, ya que la materia está determinada
por sus propias leyes. Además, tendremos que asumir que el amor que sentimos
por nuestros seres más queridos es tan sólo el resultado de una física y de una
química que se manifiestan eso sí, de una forma sorprendente. No podemos
reducir la inteligencia, la libertad o el amor a la actividad de un conjunto de
núcleos cerebrales.
Además de la
dimensión material, también existen en nosotros otras dimensiones como pueden
ser la psicológica, la emocional, la social, la cultural y la trascendental. El
asunto que nos ocupa no es para nada banal. La falta de valores y de
principios que se aprecia en la sociedad y que nos ha llevado hasta donde hoy
estamos no es sino la consecuencia de la respuesta que hemos dado a la
pregunta acerca de ¿quién es el hombre?
Retornar al
humanismo
Nosotros
actuamos de acuerdo a como percibimos y si percibimos que el hombre es sólo
materia, le reducimos inmediatamente de nivel y dignidad. A partir de este
punto, el paso para convertirlo en un simple objeto se da casi sin pensarlo.
Así, el hombre deja de ser visto como persona y se convierte en un simple medio
para aumentar el capital. La situación económica que vivimos es la
consecuencia de la pobreza ética en la que nos movemos y, debajo de esta
falta de ética se encuentra una visión antropológica, una visión del hombre
también pobre y reducida. La falta de valores que se aprecia en la sociedad es
la consecuencia de la respuesta que hemos dado a la pregunta de ¿quién es el
hombre?
La visión no
puede reducirse a lo que se ve a simple vista. Por eso, hoy tengo algo que
proponer para educar la mirada y en ello, me inspiran las palabras de Marcel
Proust: “El verdadero acto del descubrimiento no consiste en salir a buscar
nuevas tierras, sino en aprender a ver la vieja tierra con nuevos ojos”. La
mirada más necesaria no es la que nos aportan los ojos, sino la que aporta
nuestra inteligencia con su capacidad de penetrar en la realidad oculta que
encierran las cosas. Hoy cuando camine y mire a su alrededor, hágase una
sencilla pregunta: ¿Qué es lo que hay a mi alrededor que existe y que yo no
puedo ver? Deje que su mente juegue con la pregunta y tal vez se sorprenda
cuando se le desvele la respuesta.
En estas
cuestiones acerca de los planos más sutiles de la realidad, podemos tener una
elevada edad cronológica y a pesar de ello seguir siendo muy inmaduros. Ganar
en madurez es también ganar en sabiduría y, por tanto, en perspectiva.
Aprender a ver a los demás distintos, pero no distantes, nos ayuda también a
verlos como personas y no como simples objetos para nuestro uso particular.
Entender que todos tenemos ilusiones, sueños, necesidades, preocupaciones y
luchas internas, favorece el encuentro dentro de la diversidad. Retornar al
humanismo es también retornar a lo que nos une. ¡Qué difícil es hacer daño a
los demás cuando se les contempla con este nivel de cercanía!
*Mario Alonso Puig ha ejercido la actividad quirúrgica
durante 26 años, es Fellow de la Harvard University Medical School y miembro de
la Academia de Ciencias de Nueva York y de la Asociación Americana para el
Avance de la Ciencia.
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