Tangentópolis a la española
11.02.2013 |
06:30
Tangentópolis
a la española
Antonio Tarabini
Hace 21 años
cayó la Primera República Italiana a causa de un tsunami político y social
denominado Tangentópolis, que significa simplemente corrupción generalizada.
Por razones personales y profesionales fui testigo de la desaparición de los
principales partidos políticos italianos, desde la Democracia Cristiana (DC)
hasta el Partido Socialista (PSI) pasando por el Comunista (PCI), y de sus
líderes históricos.
Italia formaba parte de la elite de los países industrializados. Además de las grandes industrias ubicadas en el norte, el resto del Estado (excepto el sur) mostraba una actividad económica boyante gracias a una potente red de empresas de tamaño medio y pequeño. La política giraba entorno a la DC, con un potente y organizado PCI "eurocomunista" (al que los norteamericanos, en plena guerra fría, temían), y a un PSI ubicado en tercer lugar pero con cierta capacidad de pacto. Sus sindicatos eran potentes y con raíces entre la clase trabajadora. Pero la corrupción fue tomando carta de ciudadanía. La "mordida" era ley común. Hasta que un grupo de jueces, mani pulite, tomaron cartas en el asunto pusieron al descubierto toda la podredumbre y actuaron rápida y eficazmente. Los ciudadanos italianos apoyaron masivamente las actuaciones de la justicia que sentaron en el banquillo a lo más florido del empresariado y de todas las formaciones políticas. Se finiquitó la I República, se resquebrajaron sus cimientos.
Italia formaba parte de la elite de los países industrializados. Además de las grandes industrias ubicadas en el norte, el resto del Estado (excepto el sur) mostraba una actividad económica boyante gracias a una potente red de empresas de tamaño medio y pequeño. La política giraba entorno a la DC, con un potente y organizado PCI "eurocomunista" (al que los norteamericanos, en plena guerra fría, temían), y a un PSI ubicado en tercer lugar pero con cierta capacidad de pacto. Sus sindicatos eran potentes y con raíces entre la clase trabajadora. Pero la corrupción fue tomando carta de ciudadanía. La "mordida" era ley común. Hasta que un grupo de jueces, mani pulite, tomaron cartas en el asunto pusieron al descubierto toda la podredumbre y actuaron rápida y eficazmente. Los ciudadanos italianos apoyaron masivamente las actuaciones de la justicia que sentaron en el banquillo a lo más florido del empresariado y de todas las formaciones políticas. Se finiquitó la I República, se resquebrajaron sus cimientos.
Pero no
todos fueron éxitos. Ante el vacío, la derecha política y económica se organizó
alrededor de un extraño y multimillonario llamado Berlusconi, en el norte
apareció una nueva formación, la Liga Norte (LN), con destellos racistas, y
tomó fuerza un fascismo puesto al día (MSI). Berlusconi ganó en 1994 las primeras
elecciones de la II República y gobernó con el MSI y la LN. La izquierda y el
centro quedaron disgregados en multitud de micropartidos. En 2012 la situación
política y social se hace insoportable. Dimite Berlusconi y se nombra primer
ministro a un tecnócrata. Faltan pocas semanas para las elecciones italianas y
parece que los bloques políticos clásicos se recomponen con nuevos mimbres.
Veremos los resultados, pero Berlusconi y los suyos siguen cabalgando.
Sería injusto establecer un paralelismo mimético con España, pero "aproximaciones", haberlas, haylas. Profunda crisis económica y social, desafección política y desprestigio de las instituciones, una corrupción que cabalga a sus anchas sin que los ciudadanos percibamos ninguna iniciativa política coherente para hacer frente a tal situación insostenible, mientras la justicia (determinados jueces y fiscales) hacen lo que pueden con sus escasos e insuficientes medios. La crisis que nos afecta no es coyuntural, es sistémica porque afecta a las mismas raíces de nuestro sistema de convivencia. La democracia representativa, votar cada cuatro años, no es suficiente sino se articulan maneras reales de participación ciudadana, los partidos políticos son necesarios pero experimentan una profunda crisis de identidad (ley de financiación ineficaz, elección de candidatos en clave interna, presencia domesticada en las instituciones€), las instituciones básicas sufren un grave desprestigio, la monarquía sufre un desgaste no fácil de superar. La Constitución vigente necesita adecuarse a los tiempos€
Si los ciudadanos no actuamos, si los políticos no se ponen las pilas y cambian su chip el sistema puede caernos con todo su peso. La corrupción seguirá vigente, con leves controles de cara a la galería. Los derechos individuales, cívicos, laborales etc., limitados por los recortes y otras lindezas, no tendrán retorno. A pesar de los pesares, en unas próximas elecciones puede ganar, por falta de discurso político claro y coherente del centro izquierda y de la izquierda, una derecha más conservadora de tintes populistas junto (o al lado) con otras fuerzas minoritarias significativamente ambiguas (a las que hoy no cito) que ya comienzan a asomar por el paisaje político.
Sería injusto establecer un paralelismo mimético con España, pero "aproximaciones", haberlas, haylas. Profunda crisis económica y social, desafección política y desprestigio de las instituciones, una corrupción que cabalga a sus anchas sin que los ciudadanos percibamos ninguna iniciativa política coherente para hacer frente a tal situación insostenible, mientras la justicia (determinados jueces y fiscales) hacen lo que pueden con sus escasos e insuficientes medios. La crisis que nos afecta no es coyuntural, es sistémica porque afecta a las mismas raíces de nuestro sistema de convivencia. La democracia representativa, votar cada cuatro años, no es suficiente sino se articulan maneras reales de participación ciudadana, los partidos políticos son necesarios pero experimentan una profunda crisis de identidad (ley de financiación ineficaz, elección de candidatos en clave interna, presencia domesticada en las instituciones€), las instituciones básicas sufren un grave desprestigio, la monarquía sufre un desgaste no fácil de superar. La Constitución vigente necesita adecuarse a los tiempos€
Si los ciudadanos no actuamos, si los políticos no se ponen las pilas y cambian su chip el sistema puede caernos con todo su peso. La corrupción seguirá vigente, con leves controles de cara a la galería. Los derechos individuales, cívicos, laborales etc., limitados por los recortes y otras lindezas, no tendrán retorno. A pesar de los pesares, en unas próximas elecciones puede ganar, por falta de discurso político claro y coherente del centro izquierda y de la izquierda, una derecha más conservadora de tintes populistas junto (o al lado) con otras fuerzas minoritarias significativamente ambiguas (a las que hoy no cito) que ya comienzan a asomar por el paisaje político.
No se trata
de plantear futuros apocalípticos, pero la crisis (¡no sólo económica, sino
fundamentalmente política!) que sufrimos es grave y es mucho lo que está en
juego. ¿Seremos capaces de reaccionar a tiempo? Nuestras organizaciones
cívicas, políticas y de diversa índole, están dispuestas a coger cartas en el asunto?
Nuestros políticos, ¿serán capaces de salir de su actual atonía y tomar el toro
por los cuernos? Podríamos continuar.

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