Rajoy inclina la balanza contra Cospedal.
La secretaria general queda más debilitada frente a Santamaría o Arenas
Los cospedalistas aseguran que ella no tenía ningún preferido en Andalucía
Carlos E. Cué Madrid 15 FEB 2014 - 22:24 CET
Lleva años haciéndolo. A Mariano Rajoy
le gusta tener a su alrededor el poder muy repartido. Siempre busca ese
juego, como hizo cuando, contra la opinión de casi todos, no designó un
vicepresidente económico y repartió la cartera entre Cristóbal Montoro y Luis de Guindos. Es su forma de garantizarse que nadie acumula poder, que solo manda él. También lo había hecho con Soraya Sáenz de Santamaría y Dolores de Cospedal.
A una le dio el control del día a día de Gobierno —antes, en la
oposición, del grupo parlamentario— y a otra del partido. “Es como si
hubiera dado un ministerio más a Cospedal, el del PP; le deja hacer lo
que quiere”, comentaban los dirigentes. Pero ese complejo de equilibrios
se ha roto esta semana. Y la balanza se ha inclinado en contra de
Cospedal.
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