España y el titular, "Proliferación de cabestros y mastuerzas, publicado por JAVIER MARÍAS en javiermariasblog en La zona fantasma".

No sé cómo se las gasta la gente en las demás ciudades. O bueno, sí en
alguna que otra, pero como no vivo en ellas ni son la mía, será más
prudente y diplomático dejarlas de lado. En Madrid prolifera cada vez
más una fauna para mi insólita, y eso que, con excepciones, llevo
viviendo aquí desde mi nacimiento en los años cincuenta, cuando había
mucha más pobreza, analfabetismo y burricie, o eso parecía. Con la
llegada de la democracia hubo un periodo en el que todo mejoró bastante.
No sólo en lo político, claro, también en lo cívico. Se deseaba
equipararse con los otros países europeos, los ciudadanos mantenían el
suelo de sus calles un poco menos guarro, los bares empezaron a no estar
tan sembrados de colillas, huesos de aceitunas y cáscaras varias,
hombres y mujeres hicieron un pequeño esfuerzo por mejorar su aspecto y
por tratarse con algo semejante a la cortesía; la policía, que durante
décadas había desplegado autoritarismo y malas maneras, cuando no
brutalidad a secas, procuró hacerse educada y amable y ponerse al
servicio de quienes le pagaban el sueldo, no por encima de ellos; lo
mismo los políticos, a diferencia de los actuales. Nunca se nos fue, con
todo, cierto elemento de zafiedad y grosería que parece consustancial a
una buena porción de españoles. Nunca la televisión ha dejado de emitir
mil programas soeces, hasta hoy mismo. Nunca ha dejado de haber
humoristas que, por muy “inteligentes” que a sí mismos se llamen, son
herederos directos de Martínez Soria y de Mariano Ozores y tienen la
misma gracia que ellos, más o menos. Nunca ha dejado de haber mastuerzos
y cabestros por nuestras calles, pero durante un tiempo breve se
ejerció cierta presión tácita contra ellos. A veces basta con que la
mayoría mire mal actitudes, para que quienes las observan se cohíban un
poco, se abstengan otro poco y, en el peor de los casos, incurran en
ellas medio a escondidas y con disimulo.
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