Lo que más le duele en la hora del adiós es no saber quién va a ser su sucesor
José Manuel Vidal, 03 de agosto de 2014 a las 15:37
(José Manuel Vidal).- Indignado e incómodo, el cardenal Rouco Varela no daba crédito a lo que estaba pasando. En su fuero interno pensaba: "No me pueden despedir así. Mi hoja de servicios a la Iglesia merece otra cosa". Tuvo que hacer gala de todo su autocontrol ante el Nuncio, aunque en su mente martilleaba sin cesar una idea: Roma estaba cometiendo una gran injusticia con él. En el fondo y en la forma.
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