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| IñakiGaray 24/04/2020 |
Lo que ahora se está discutiendo es permitir que la Comisión Europea, que cuenta con un Presupuesto anual de unos 160.000 millones (equivalente aproximadamente al de las cuatro mayores comunidades autónomas españolas), se endeude, con la anuencia de los estados que la financian -España aporta unos 12.000 millones anuales-, para reunir en varios años alrededor de 300.000 millones adicionales que los propios estados invertirían para cebar la bomba del crecimiento. ¿De dónde sale entonces el billón y medio de euros? Pues de un acto de fe. De confiar en que cada euro invertido por los estados pueda movilizar cinco de inversión privada. Se trata en definitiva de reeditar de alguna manera el denominado Plan Juncker, pero no hay milagro ni va a ser posible eludir sacrificios si los diferentes estados quieren superar este difícil trance. Y lo que es fundamental. De ese mayor presupuesto de la Comisión Europea, van a tener que responder los contribuyentes de cada país. Ahí estriba uno de los problemas. Los alemanes o los holandeses, que han llegado a este momento con las cuentas saneadas se niegan a compartir el riesgo, aunque sólo sea colateralmente, con otros que no han sido tan diligentes y que llegan con déficits en el entorno peligroso del 3%, como España o Francia. Los "tecnócratas" del Norte no están dispuestos a tragar que mientras ellos saneaban sus estados financieros Macron jugara a ganar adeptos con dinero público atrayéndose la simpatía de los chalecos amarillos y que Sánchez e Iglesias hicieran lo mismo subiendo el salario mínimo o las pensiones. Estar en Europa tiene muchas ventajas, pero exige tener unas pautas de comportamiento, que alguno había olvidado. Seguir leyendo>>

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