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| 30/10/2020 Brendan O’Connor (The Baffler) |
Además de los desechos del Tea Party, los remanentes del movimiento de Patriotas y los restos del ‘alt-right’, hay una cohorte más joven y extremista de fascistas. Se les pudo ver en las manifestaciones anticuarentena.
Aunque solo fuera una de las medidas desastrosamente ineficaces y crueles de Donald Trump contra la crisis del coronavirus, la orden ejecutiva sobre inmigración que publicó en abril es más reveladora de la dinámica que guía su gobierno que cualquier otra cosa que haya hecho en los últimos tres años y medio. Anunciada vía tuit para gran sorpresa de muchos funcionarios del gobierno, a los dos días ya estaba (casi) implementada. “En vista del ataque por parte del Enemigo Invisible, así como de la necesidad de proteger los trabajos de nuestros GRANDES ciudadanos estadounidenses, voy a firmar una orden ejecutiva para suspender temporalmente la inmigración a Estados Unidos”, escribió Trump el lunes por la noche. Ese mismo miércoles, la orden redactada de forma precipitada ya había sido firmada, aunque en realidad no suspendía la inmigración a Estados Unidos, sino que la restringía todavía más, y estaba dirigida a las personas que cumplen los requisitos para obtener la green card (tarjeta de residencia) a través de miembros de la familia que ya son ciudadanos estadounidenses o residentes permanentes (la llamada “migración en cadena”), o a través del sorteo de visados. El año pasado, de acuerdo con el Instituto de Política Migratoria, los grupos que abarca el decreto recibieron unas 300.000 green cards; del millón que entrega aproximadamente cada año el gobierno federal. Seguir leyendo>>

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