| 25-07-2021 |
Aragonès se la juega a Moncloa.
El Gobierno asume que la ausencia del presidente de la Generalitat en el foro multilateral hará que «todo vaya más lento» con Cataluña.
El orden del día de la Conferencia de Presidentes autonómicos del próximo viernes, que ha llegado hasta ahora a las sedes autonómicas, es una sucesión de discursos de todos los presidentes que se desplacen hasta Salamanca. El segundo lugar, tras el lendakari, está reservado para el presidente de la Generalitat, Pere Aragonés, después de la intervención inicial del jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez.
Es un formato inútil, pero que no es nuevo, y que manifiesta el riesgo de que esta cumbre autonómica no pase, una vez más, de ser una foto institucional, en la que se escuche más la queja que el acuerdo, al menos por parte de aquellas comunidades que no están bajo control del PSOE. Desde la Generalitat ya han preparado el terreno para justificar, como es tradición, su ausencia en un foro multilateral que equilibra a todas las comunidades al mismo nivel.
La única excepción a esta regla la hicieron durante los momentos más duros de la crisis sanitaria. Y aunque esta ausencia era más que esperable, el contexto de la negociación del Gobierno con la Generalitat, y los indultos a los líderes del «procés», dan un valor especial al plante de Aragonés.
En el discurso oficial de Moncloa se intenta poner sordina al enfado, si bien en privado sí dicen en el Gobierno que el desplante de Aragonés indica que con Cataluña «todo será lento». «Será difícil avanzar en el tema Puigdemont. Habrá que conformarse con un dejarlo estar, sin sustos», sentencian fuentes conocedoras de la marcha del diálogo.
Esto no cambia la previsión de la reunión de la «mesa» bilateral, pero sí añade otra dosis más de realismo a las expectativas sobre la nueva fase en las relaciones entre Gobierno y Generalitat. Aragonés sí acudió a la última reunión de la Conferencia de Presidentes autonómicos de octubre del año pasado, pero en calidad de vicepresidente en funciones.
Al plante simbólico de Aragonés se suma la queja de los presidentes autonómicos del PP por razones de forma y de contenido. No hay acuerdo sobre la organización de la cumbre porque dicen que se incumple el reglamento, que no saben «ni de qué se va a hablar ni qué documentación necesitan ni ha habido reuniones técnicas» para aclarar todos estos supuestos. Acuden con la crítica preventiva de que «es un monólogo de Sánchez», y que en la distribución de los fondos europeos «no habrá criterios de reparto proporcional por territorios, sino que Sánchez los utilizará para beneficiar a sus amigos».
Este clima no anticipa una cumbre con resultados, a pesar de que la Conferencia de Presidentes tiene tres retos por delante de importantes consecuencias para el devenir de los futuros equilibrios territoriales. Sería buena su consolidación institucional en la etapa post-pandemia, y no parece que vayan a ir por ese camino las conclusiones de la reunión. Sería bueno también que fuera el inicio de un proceso acordado de cogobernanza real de los fondos europeos.
El dinero ya está empezando a llegar y los barones del PP tienen que posicionarse dentro de las reglas de juego establecidas por el Gobierno. Sánchez debería hacerles cómplices de la cogestión, y la dirección popular debería renunciar a hacer de este asunto otra batalla estrictamente política y electoral en el cuerpo a cuerpo con la oposición de Vox.
El reparto del dinero otorga a Moncloa un importante poder, pero está por ver si es el bálsamo de Fierabrás que ponga sordina a todas sus debilidades y que le ayude a reconciliarse con los dos costaleros imprescindibles que necesita para sostener la legislatura, el PNV y ERC.
El Gobierno asume que la ausencia del presidente de la Generalitat en el foro multilateral hará que «todo vaya más lento» con Cataluña.
El orden del día de la Conferencia de Presidentes autonómicos del próximo viernes, que ha llegado hasta ahora a las sedes autonómicas, es una sucesión de discursos de todos los presidentes que se desplacen hasta Salamanca. El segundo lugar, tras el lendakari, está reservado para el presidente de la Generalitat, Pere Aragonés, después de la intervención inicial del jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez.
Es un formato inútil, pero que no es nuevo, y que manifiesta el riesgo de que esta cumbre autonómica no pase, una vez más, de ser una foto institucional, en la que se escuche más la queja que el acuerdo, al menos por parte de aquellas comunidades que no están bajo control del PSOE. Desde la Generalitat ya han preparado el terreno para justificar, como es tradición, su ausencia en un foro multilateral que equilibra a todas las comunidades al mismo nivel.
La única excepción a esta regla la hicieron durante los momentos más duros de la crisis sanitaria. Y aunque esta ausencia era más que esperable, el contexto de la negociación del Gobierno con la Generalitat, y los indultos a los líderes del «procés», dan un valor especial al plante de Aragonés.
En el discurso oficial de Moncloa se intenta poner sordina al enfado, si bien en privado sí dicen en el Gobierno que el desplante de Aragonés indica que con Cataluña «todo será lento». «Será difícil avanzar en el tema Puigdemont. Habrá que conformarse con un dejarlo estar, sin sustos», sentencian fuentes conocedoras de la marcha del diálogo.
Esto no cambia la previsión de la reunión de la «mesa» bilateral, pero sí añade otra dosis más de realismo a las expectativas sobre la nueva fase en las relaciones entre Gobierno y Generalitat. Aragonés sí acudió a la última reunión de la Conferencia de Presidentes autonómicos de octubre del año pasado, pero en calidad de vicepresidente en funciones.
Al plante simbólico de Aragonés se suma la queja de los presidentes autonómicos del PP por razones de forma y de contenido. No hay acuerdo sobre la organización de la cumbre porque dicen que se incumple el reglamento, que no saben «ni de qué se va a hablar ni qué documentación necesitan ni ha habido reuniones técnicas» para aclarar todos estos supuestos. Acuden con la crítica preventiva de que «es un monólogo de Sánchez», y que en la distribución de los fondos europeos «no habrá criterios de reparto proporcional por territorios, sino que Sánchez los utilizará para beneficiar a sus amigos».
Este clima no anticipa una cumbre con resultados, a pesar de que la Conferencia de Presidentes tiene tres retos por delante de importantes consecuencias para el devenir de los futuros equilibrios territoriales. Sería buena su consolidación institucional en la etapa post-pandemia, y no parece que vayan a ir por ese camino las conclusiones de la reunión. Sería bueno también que fuera el inicio de un proceso acordado de cogobernanza real de los fondos europeos.
El dinero ya está empezando a llegar y los barones del PP tienen que posicionarse dentro de las reglas de juego establecidas por el Gobierno. Sánchez debería hacerles cómplices de la cogestión, y la dirección popular debería renunciar a hacer de este asunto otra batalla estrictamente política y electoral en el cuerpo a cuerpo con la oposición de Vox.
El reparto del dinero otorga a Moncloa un importante poder, pero está por ver si es el bálsamo de Fierabrás que ponga sordina a todas sus debilidades y que le ayude a reconciliarse con los dos costaleros imprescindibles que necesita para sostener la legislatura, el PNV y ERC.
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