18/12/2022 Jaime Santirso |
Una decena de camillas ocupan el vestíbulo de Urgencias, nada más cruzar la puerta. Sobre ellas, ancianos tumbados pelean por su vida en cada bocanada de aire. Lo hacen con ayuda de enormes botellas de oxígeno dispuestas a su lado. Los médicos, que corren a toda velocidad entre los enfermos, no tienen tiempo de reparar en el recién llegado al Hospital de Pekín. Este centro de salud, como muchos otros de la capital china, está desbordado ante la crisis sanitaria provocada por una pandemia que, con tres años de retraso, comienza a tomar China.
El país se mantuvo aislado del virus por medio de una hermética estrategia, cuyas restricciones se volvieron progresivamente más intrusivas para frenar el avance de nuevas variantes, más contagiosas. Por fin, el hartazgo popular estalló hace dos semanas en unas históricas protestas que coincidieron con el peor rebrote desde el comienzo de la pandemia, para entonces ya irrefrenable. Y así, de un día para otro, la política de Covid cero se desmoronó. Seguir leyendo>>
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