lunes, 19 de diciembre de 2022

Israel: La anarquía reina en los enclaves ultraortodoxos de Jerusalem.

19/12/2022
Haim Goldich
Marcos Olivera
Los residentes de los barrios religiosos de la capital denuncian que la policía tiene miedo de entrar, lo que deja a extremistas sin ley que se amotinan a su antojo, ya sea para protestar por la inmodestia, el servicio militar o proyectos de infraestructuras.
Los enclaves ultraortodoxos de Jerusalem albergan a decenas de miles de judíos haredíes que viven hacinados, en la pobreza y con una clara falta de presencia oficial israelí.

Estos enclaves, casi separados dentro de la capital, se concentran en tres barrios principales: Mea She'arim, Geula y el barrio de Bujarim, en Jerusalem Oeste.

La mayoría de los residentes pertenecen a facciones extremistas del judaísmo ultraortodoxo. Algunos de ellos se abstienen de utilizar servicios financiados por el Estado por principios, mientras que otros se niegan a recibir raciones y estipendios y se atienen estrictamente a las rígidas directrices religiosas de modestia y segregación de género.
Sin ir más lejos, el pasado sábado por la noche, una tienda de una cadena de óptica, situada en una importante intersección a las afueras de dos de los barrios, fue objeto de actos vandálicos porque exhibía la imagen de una mujer.
Israel no es efectivamente el órgano soberano en estos barrios, y esta ha sido la realidad durante décadas. Los vehículos de la policía, coches municipales, bomberos y, esencialmente, los forasteros, son recibidos con resistencia, y a menudo violencia, al entrar en esas zonas.
A menudo estallan protestas violentas por cuestiones como la modestia, la ley de reclutamiento israelí o las obras de infraestructura que los residentes locales consideran una violación de las tumbas judías.

El tren ligero lleva más de dos años en construcción, y siendo objeto de manifestaciones ultraortodoxas, lo que ha costado a la empresa que supervisa el proyecto cientos de millones de shekels, además de importantes retrasos.
Son frecuentes los incendios de vehículos y la destrucción de vallas. La policía ha intentado proteger las obras proporcionando a la empresa personal de seguridad, pero no ha conseguido poner fin al vandalismo recurrente

La semana pasada, una madre de 11 hijos resultó gravemente herida al ser golpeada por un contenedor de basura en llamas que los alborotadores empujaron por la carretera, cuando se dirigía a la tienda de comestibles.
Esa violencia se produjo después de que dos hombres fueran detenidos por quemar una tienda que vendía dispositivos de telefonía móvil, cuyo uso está prohibido por las autoridades religiosas que rigen estos grupos.
Los residentes locales explicaron que este tipo de protestas no son infrecuentes. "Pregunte a un haredí medio y le dirá que en los últimos años se ha vuelto aterrador pasear por estas calles", dice un residente de Geula
Una vez se trata de una tienda de teléfonos móviles, otra de la detención de un desertor de las FDI, y otra de jóvenes aburridos que tienen tiempo un viernes por la noche". En resumen: no hay ley ni nadie que mantenga el orden".
Otro residente admitió que el problema es que los habitantes de esos barrios tienen autonomía para hacer lo que quieran. "La policía no te lo dirá, pero tiene miedo de entrar", afirma.
Una mujer haredí que vive en Mea She'arim, afirma que la policía hace más mal que bien. "Preferimos que no entren, y así no podrían ocurrir accidentes".
"Queremos que nos dejen en paz y nos dejen vivir por el camino de la Torá sin las reglas del Estado sionista. Sabemos resolver nuestros problemas por nuestra cuenta, y no tenemos ningún interés en que el gobierno nos eduque sobre cómo actuar", afirma.

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