viernes, 4 de enero de 2013
Ecología e Iglesia en América latina
Ecología e Iglesia en América latina
por Fraser, Barbara J.
En un momento en que los líderes de la Iglesia latinoamericana se encuentran cada vez más bajo fuego debido a su defensa explícita del medioambiente, la Asamblea general de obispos reunidos en mayo del año 2007 en Aparecida, Brasil, puede ser recordada tanto por su llamamiento a la preservación de lo creado como por su reafirmación de la opción por el pobre.
Ambos van de la mano, según el jesuita Pedro Barreto Jimeno, arzobispo de Huancayo, en la sierra central de Perú. “La doctrina social de la Iglesia, y muy específicamente el apartado del documento de Aparecida sobre medioambiente, señalan con claridad que los católicos tiene que comprometerse con el cuidado de la creación”, aclaró monseñor Barreto en diálogo con la revista Criterio. Y agregó que en Aparecida, los obispos pidieron que se reforzara “la presencia de la Iglesia en las zonas más indefensas. Esto está indicando una opción no solamente por los pobres, sino por una presencia en las zonas más vulnerables a la inversión irracional en la extracción de recursos”.
Pedro Barreto lo advierte con claridad en su propia arquidiócesis, donde el río Mantaro nace del lago Junín: un curso de agua contaminado con metales de los escombros de las minas. El río baja del valle hacia la cuenca del Amazonas, produciendo energía hidroeléctrica y recogiendo otras sustancias contaminantes procedentes de las escorrentías de las minas y del vertido de los residuos municipales, antes de atravesar la ciudad de La Oroya, a la cual la sede neoyorquina del Instituto Blacksmith identificó como uno de los diez lugares más contaminados del planeta.
El valle del río Mantaro es considerado el granero de Perú, pero sus habitantes –productores de cultivos orgánicos para la exportación– se ven amenazados por la lluvia ácida, y la mayoría de los niños han sido intoxicados por una fundición propiedad de la Compañía Doe Run de los Estados Unidos.
Hay mucho en juego, sin embargo. La hermana Dorothy Stang, nacida en los Estados Unidos, miembro de las Hermanas de Notre Dame de Namur, fue asesinada en Pará en 2005 por su defensa del medio ambiente. Aunque varias personas han sido condenadas por su muerte, monseñor Krautler dijo que quienes que ordenaron el crimen probablemente nunca sean llevados ante la justicia.
Los obispos de Brasil han expresado su preocupación por la amenaza ambiental más reciente: la generalización de la plantación de caña de azúcar para la producción de etanol.
Los obispos brasileños dejaron asentada su preocupación en una declaración emitida el 9 de mayo. En el mundo de hoy, “los negocios tienen prioridad, sin la preocupación por sus costos sociales y ecológicos”, escribieron advirtiendo que el énfasis que el país ha puesto en la producción de etanol no debe realizarse en “detrimento del equilibrio ecológico, la reforma agraria y la seguridad alimentaria”, o de la violación de los derechos humanos.
“Podemos así también cantar un requiem para Amazonia si no tomamos una postura en contra de esta amenaza”, sentenció Krautler ante los periodistas presentes en Aparecida.
Valientes líderes de la Iglesia, tanto religiosos como laicos, están corriendo el riesgo de hablar, sobre un compromiso que no se puede acallar.
El magisterio de la Iglesia es muy claro al denunciar al sistema neoliberal salvaje que usufructúa irracionalmente de los recursos a costa de la vida y la salud de la población”, observó monseñor Barreto. Puede sonar muy duro el lenguaje de ciertos obispos latinoamericanos, pero son conceptos del magisterio de la Iglesia y del Evangelio.
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