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| 27/01/2021 |
Despedido de malas maneras en el Congreso, le aguarda otro gran reto.
Este lunes coincidieron la derechona y la ultraderechona con el resto de fuerzas parlamentarias, a excepción del Partido Socialista, en sus críticas a Salvador Illa que ha dejado el cargo de ministro para afrontar la candidatura a la presidencia de la Generalitat de Catalunya por el PSC. Todos le reprocharon que no diera cuenta ante el Congreso de los Diputados de su gestión en la pandemia. Tanto el PP como Vox añadieron la coletilla de que se había dado a la fuga.
A Salvador Illa le ha correspondido un desagradecido papel. Después de todos los marrones que se ha tenido que tragar en el Ministerio de Sanidad, que ha dirigido en tiempos terribles y trágicos, afronta ahora con valentía la inmersión en el laberinto catalán. Le hará falta espíritu y convicción ante lo que le espera. Creo que es plenamente consciente y eso se notó en su despedida: “Yo no me he movido nunca por conveniencias. Voy donde puedo ser más útil; donde los ciudadanos me ponen. Me voy a otra oportunidad que no va a ser cómoda…” Es un modo de decir lo que le aguarda de forma muy suave. Al ex ministro, los partidos -incluido Podemos- todos en liza, lo masacraron de manera injusta. Y ellos lo deben saber. A ver quién hubiera tenido la fortaleza de aguantar tanta muerte y dolor, con el desconocimiento en que la ciencia sigue sumida ante cómo acabar con el maldito virus. Y lo hicieron porque lo temen, hasta el punto de que el PP ha sugerido un posible apoyo al PSC si las urnas catalanas dan esa posibilidad, pero “con Illa fuera del Govern”.

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