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| 06/05/2021 |
Las restricciones a la circulación de personas, como el confinamiento hogareño o el cierre de bares, iglesias, teatros y playas, son medidas “dictatoriales” que violan la Constitución y la libertad de movilidad, corean bolsonaristas que piden la intervención militar para asegurar “sus derechos”.
Protestan contra los gobernadores de estados y alcaldes que intensificaron las restricciones ante la propagación del coronavirus y el colapso inminente o ya establecido en sus hospitales, en los últimos meses, y contra el Supremo Tribunal Federal que reconoció la legitimidad de tales acciones de los gobiernos regionales y locales.
La pandemia ya provocó 414 399 muertes en Brasil, según los registros oficiales hasta el 5 de mayo. Esa cantidad solo es superada por la de Estados Unidos y representa 1945 muertos por millón de habitantes, uno de los índices más elevados del mundo y superior al estadounidense.
Pero Bolsonaro sigue insistiendo que suspender las actividades económicas es más letal y disruptivo que la enfermedad. Su prédica por la liberación de la economía, para recuperar empleos, y por el uso masivo de medicamentos charlatanes debilita las acciones preventivas locales y activa presiones de comerciantes y empresarios contra los alcaldes y gobernadores.
Actos callejeros de apoyo a Bolsonaro para que imponga sus convicciones “libertarias” tuvieron lugar el 1 de mayo en decenas de ciudades brasileñas y deberán repetirse el 15 de mayo, esa vez protagonizados por los grandes productores agropecuarios.
La confusión, o incluso la inversión, entre democracia y dictadura es inherente al oficialismo. La matriz de esas creencias contradictorias es el poder militar que se consolidó en Brasil durante la dictadura de 1964 a 1985, se replegó por tres décadas y volvió en 2018 de la mano de Bolsonaro, por la vía de elecciones libres.
Los jefes militares nunca reconocieron como dictatorial su régimen. Una “revolución democrática” o un movimiento para impedir la dictadura comunista es como califican al golpe de Estado que protagonizaron en 1964.
Fue “un hito para la democracia brasileña”, según el general Fernando Azevedo e Silva, entonces ministro de la Defensa, al celebrar el 56 aniversario del alzamiento militar el 31 de marzo de 2020.
Las Fuerzas Armadas asumieron la responsabilidad de pacificar el país, enfrentando los desgastes para reorganizarlo y asegurar las libertades democráticas que hoy disfrutamos”, sostuvo el actual ministro de Defensa, el general Walter Braga Netto, en mensaje oficial en la misma fecha de este año. Seguir leyendo>>

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