| 29/08/2022 Begoña González |
Vivir en Tigré, al norte de Etiopía, es hoy en día prácticamente una condena a muerte. La peligrosidad de la guerra que allí se libra y la volatilidad de los periodos de relativa calma han dejado a más de seis millones de tigrinos sin la más mínima esperanza. La región se encuentra cerrada para los cooperantes y es muy poca la ayuda humanitaria que consigue llegar a la gente.
El pasado miércoles el Gobierno etíope y los rebeldes de Tigré rompieron la frágil tregua que declararon el pasado marzo en la guerra que libran desde 2020. El viernes, los bombardeos del Gobierno sobre zonas civiles de la capital de la región, Mekele, acabaron con la vida de al menos cuatro personas, dos de ellas niños. Seguir leyendo>>
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