La ilusión brasileña.
Ibérica de raíz, mestiza en el destino, embelesada por el poder, heroica, marinera, sensual, inclinada a la intriga novelesca y a la poesía, el alma de Brasil vive su tiempo más luminoso.
Vista de la favela Matinha, junto al barrio de Tijuca, de clase media. / FRANCESCO ZIZOLA
El país donde se nace proporciona una visión utópica. No hay
imparcialidad a la hora de definirlo. Abordo Brasil con cuidado. Acierto
y me equivoco. Mas poco importa. Quién acertaría lidiando con un país
de semejante magnitud, con un territorio que al sobrevolarlo se corre el
riesgo de pensar en el Caribe, a pesar de seguir dentro de sus
fronteras. Y que, a pesar de esta desmesura, no sufre turbulencias
lingüísticas. Con el privilegio de ser mestizo en el cuerpo y en la
memoria sincrética. Un mestizaje que va más allá de los cuerpos, pues ha
teñido el alma y devora las entrañas de su cultura, que es insidiosa y
espléndida, como debe ser.
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