PIDO LA PALABRA POR ALUSIONES
Escrito por Juan Antonio Camargo*
Contratados para no trabajar
El Ayuntamiento de Alcalá de Henares mantiene sin ocupación a decenas de trabajadores
La falta de vestuario, equipos de protección y materiales les impide cumplir sus labores
Alejandra Torres Reyes Alcalá de Henares 20 ENE 2015 - 00:03 CET
28/11/2011
Investidura de Caballeros y Damas de Isabel la Católica
Catedral-Magistral de los Santos Niños Justo y Pastor de Alcalá de Henares
Presidió la celebración Mons. Juan Antonio Reig Pla
(La Montera) Mons. Reig, Obispo de Alcalá de Henares, presidió la
celebración, y concelebraron el obispo de Astorga, Mons. Camilo Lorenzo
Iglesias, el párroco de la parroquia de San Pedro, Rvdo. Juan Miguel
Prim Goicoechea y el capellán del Capítulo, Rvdo. José Martín Sanz. Fue
un solemne acto que tuvo como protagonistas a los “nuevos caballeros y damas”,
entre ellos el alcalde de Alcalá de Henares, Ilmo. Sr. D. Bartolomé
González Fernández y Mons. Juan Antonio Reig, que fueron nombrados Caballeros de Honor.
LO QUE NOS FALTABA UN OBISPO CRISTOFASCISTA Y OTRO ALCALDE CORRUPTO
Despues de la presunta orgia de corrupción y de la otra tambien, del gobierno municipal socialista de Isidro Florencio Campos Corona y de sus gremlins, Paquito Muñoz y Luis Gregorio Diaz, era lógico pensar que se habia tocado fondo ó techo segun se mire, pero estabamos equivocados, y lo peor estaba por venir. Antonio Gramsci escribió "Odio a los indiferentes. Creo que vivir quiere decir tomar partido.
Quien verdaderamente vive, no puede dejar de ser ciudadano y partisano.
La indiferencia y la abulia son parasitismo, son cobardía, no vida. Por
eso odio a los indiferentes.
La indiferencia es el peso muerto de la
historia. La indiferencia opera potentemente en la historia. Opera
pasivamente, pero opera. Es la fatalidad; aquello con que no se puede
contar. Tuerce programas, y arruina los planes mejor concebidos. Es la
materia bruta desbaratadora de la inteligencia. Lo que sucede, el mal
que se abate sobre todos, acontece porque la masa de los hombres abdica
de su voluntad, permite la promulgación de leyes, que sólo la revuelta
podrá derogar; consiente el acceso al poder de hombres, que sólo un
amotinamiento conseguirá luego derrocar. La masa ignora por
despreocupación; y entonces parece cosa de la fatalidad que todo y a
todos atropella: al que consiente, lo mismo que al que disiente, al que
sabía, lo mismo que al que no sabía, al activo, lo mismo que al
indiferente. Algunos lloriquean piadosamente, otros blasfeman
obscenamente, pero nadie o muy pocos se preguntan: ¿si hubiera tratado
de hacer valer mi voluntad, habría pasado lo que ha pasado?Odio a los indiferentes también por esto: porque me fastidia su lloriqueo de eternos inocentes. Pido cuentas a cada uno de ellos: cómo han acometido la tarea que la vida les ha puesto y les pone diariamente, qué han hecho, y especialmente, qué no han hecho. Y me siento en el derecho de ser inexorable y en la obligación de no derrochar mi piedad, de no compartir con ellos mis lágrimas.
Soy partidista, estoy vivo, siento ya en la conciencia de los de mi parte el pulso de la actividad de la ciudad futura que los de mi parte están construyendo. Y en ella, la cadena social no gravita sobre unos pocos; nada de cuanto en ella sucede es por acaso, ni producto de la fatalidad, sino obra inteligente de los ciudadanos. Nadie en ella está mirando desde la ventana el sacrificio y la sangría de los pocos. Vivo, soy partidista. Por eso odio a quien no toma partido, odio a los indiferentes.
11 de febrero de 1917
Jaime Botin por su lado, y como alumno de la Escuela de Filosofía, escribió el 7 OCT 2013 - 00:00 CET, La moral católica y sus practicantes | Opinión | EL PAÍS como respuesta a los furibundos ataques personales que habia recibido tras la publicacion de su primer artículo Moral católica | Opinión | EL PAÍS Jaime Botín 19 SEP 2013 - 00:00 CET.
Parfraseando a Voltaire, redescubierto despues de los crimenes de Charlie Hebdo, “yo estoy de acuerdo con los que dicen que usted ha hecho cosas muy malas, pero me pelearía para que usted pueda seguir diciendo, como alumno de la escuela de filosofia, lo que dice en sus articulos.”
El ICCP municipal José Luis García García y Gomez Ballesteros, el ingeneiro técnico industrilal municipal Juan María Palacios Diaz el alcalde Bello y el líder de mafia gay, opusina y azul celeste Gustavo Severin, son católicos practicantes, del tipo que el señor Botin describe en sus artículo, pero carecen ademas de cualquier rastro de empatia hacia el sufrimiento ajeno, hasta llegar a la misantropia presuntamente criminal, poniendose de acuerdo para asesinar impunemente a los empleados públicos como ocurrió con el caso de ña muerte previsible y evitable de Juan Carlos Sainz Olmos, por la que esta imputado como único responsable Juan Maria Palacios para el que la fiscalia pide ocho años de prisión, presuntamente claro.
Lo que nos faltaba, un Botín filósofo y progresista
La cosa empezó cuando Jaime Botín (en la imagen), propietario de Bankinter y hermano menor de Emilio Botín, escribió un artículo en El País, hablando de la moral católica como moral trasnochada y, a más a más, que diría un catalán, hipócrita. Ahí va la base de la perla botiniana: “No
es suficiente decir: ‘Me equivoqué’. En una democracia, el sacerdote no
administra la absolución de las fechorías cometidas por el pecador
arrepentido. En una democracia digna de tal nombre hay que dar cuenta y
asumir la responsabilidad. Mucho temo que la moral católica, si Dios no
lo remedia, va a acabar no solo con la derecha española, sino con todos
nosotros”.
‘A bodas me convidan’, pensó su amigo, Juan Luis Cebrián, rey de la progresía hispana y del desastre empresarial de El País,
dos fenómenos diversos que confluyen en el bolsillo del Janli, que no
ha hecho más que crecer con ambos fenómenos. Da lo mismo: se trata de un
millonario, banquero de éxito, referente social,
envidiado por muchos, que arremetía contra los curas donde más les
duele: en la cosa de la moral. Y firmando como ‘estudiante de
filosofía’, lo que otorga un pedigrí inconmensurable a don Jaime Botín (buen nombre para un banquero, pero también puede serlo para un moralista de postín).
A renglón seguido, El Mundo y El Confidencial
le pusieron como no digan dueñas, pero, en mi opinión en la dirección
equivocada: un defraudador fiscal, ahora investigado por la CNMV por mentirle sobre su verdadera participación en Bankinter, no puede dar lecciones de moral, aseguraban los plumíferos. Por último, el lunes 7 de octubre, Botín arremete contra sus críticos, en un nuevo artículo en El País titulado: La moral católica y sus practicantes, al grito del “Y tú más” y al segundo alarido de ‘lo veis cómo yo tenía razón: el cristianismo es culpable’.
Pues bien, creo que, tanto los dos diarios como el banquero, desbarran.
El cristianismo se distingue de cualquier otro código moral en el
arrepentimiento y el perdón, que es, precisamente, la vía por la que
usted, don Jaime, está respondiendo a El Mundo y a El Confidencial. Se
lo diré de otra forma: su denostada moral católica no es otra cosa que el confesionario, la posibilidad de volver a empezar. Eso es, precisamente, lo que perdió a Lutero y a Calvino: no confiaban en el hombre porque no confiaban en Dios. Así que no les gustaba la confesión.
Y verá usted, señor Botín: al penitente cristiano la cosa no le sale gratis.
En la media de lo posible debe reparar la culpa. Si un ladrón confiesa
su culpa al confesor, lo primero que le pedirá este es que devuelva lo
robado. Como en democracia, don Jaime. La diferencia es que al cura sólo le sirve el arrepentimiento del penitente,
mientras al juez le importa un pimiento el arrepentimiento del acusado.
En un caso se busca la rehabilitación, en el otro la mera justicia
distributiva, que conlleva el castigo.
Por las mismas, las críticas de El Confidencial y de El Mundo
no son cristianas. Entre otras cosas, porque a El Confidencial y a El
Mundo les importa un bledo el cristianismo. Que don Jaime les ubique
como arquetipos de la moral católica puede ser debido a algún tipo de insolación sufrida en su bergantín, en el que tantas temporadas pasa don Jaime.
Lo que vienen a decir los periodistas criticones de don Jaime es lo siguiente: alguien que mintió a la CNMV y al Fisco no pueda dar lecciones de moral.
Un cristiano le diría que sí, sí que
puede, si se ha arrepentido, ha subsanado el mal y ha vuelto a empezar.
‘Comenzar y recomenzar’, la frase que tanto han repetido los santos (el
último, que yo recuerde, San Josemaría, el fundador del Opus Dei). Por mor de la caduca moral cristiana, señor Botín, es por la que usted, con todo derecho, puede decirles a El Confidencial y a El Mundo que tiene todo el derecho a hablar.
Ahora bien, tampoco la respuesta de Jaime Botín
desde El País es cristiana. Dice el pequeño de los hermanos Botín que
sus críticos caen en el “Y tú más”, práctica cristiana y, por ende,
miserable. Más bien yo diría que es él quien cae en el ‘Y yo menos’.
Niega don Jaime que haya mentido a la CNMV porque ya avisó a los
franceses -sus adversarios en el control de Bankinter-
de cual era su verdadero porcentaje de acciones de la entidad. Pero
oiga, don Jaime, que no tenía que decírselo al adversario sino, según su
muy laica moral democrática, al regulador, a la CNMV, que es la que le acusa de haber mentido.
Segundo: la acusación de fraude fiscal, según Botín, no era tal, sino, según don Jaime, decidió repatriar su dinero a la vista de la crisis económica.
Pero hombre, querido banquero, que su familia tenía el dinero fuera
desde la postguerra y que, sólo cuando se inicia un proceso judicial
contra ustedes, deciden repatriar los fondos con la correspondiente
multa -llamada regularización-.
Y por cierto, cumplir el mandamiento laico de pagar impuestos,
sean injustos o no, es muy democrático, don Jaime. Usted no pagó
voluntariamente lo que debía al Fisco, no hizo lo que el penitente de
esa moral caduca, la cristiana, hace cuando se arrepiente y se acoge a
la misericordia divina de la que usted se burla: acudir voluntariamente.
Usted sólo lo hizo cuando intentaba evitar el escándalo de que una de las familias más ricas de España se sentara en el tribunal acusada de delito fiscal.
En suma, el chollo de los cristianos es
que no importa lo que hayas hecho sino lo que estás haciendo: siempre
podemos volver a empezar, siempre hay esperanza. Con la moral democrática no hay sino justicia guiada
por el agravio comparativo. No necesitas arrepentirte, por tanto, no
necesitas cambiar. La ley no es misericordiosa y puede ser cruel. Exige
que devuelvas lo robado. ¿Y si no puede devolverlo? En cualquier caso,
serás castigado. Muy moderno y muy democrático pero yo me quedo con la moral católica.
Eulogio López
eulogio@hispanidad.com
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