jueves, 18 de febrero de 2016

EE.UU.:¿Un ecologismo nuclear?

Giorgos Kallis
Giorgos Kallis es profesor ICREA en el ICTA, Universidad Autónoma de Barcelona donde investiga sobre economía ecológica. Giorgos estudió ingeniería ambiental en el Imperial College de Londres, Economía, en la Universidad Pompeu Fabra, y se doctoró en Políticas Ambientales en la Universidad del Egeo, en Grecia. Antes de Barcelona, fue Marie Curie fellow en la Universidad de California en Berkeley. Es coordinador de la Red Europea de Ecología Política y es uno de los editores del nuevo libro "Degrowth. A vocabulary for a new era". Con sus compañer@s de Research & Degrowth coordina las conferencias internacionales sobre decrecimiento que se celebran cada dos años, y que desarrollan y difunden el conocimiento sobre la alternativa del decrecimiento.
El manifiesto para la ecomodernización redactado por el think-tank "post-ecologista” del Instituto Breakthrough, ha tenido sus días de fama en EEUU, publicitada en las páginas del New York Times, y no es difícil entender el porqué. Εl mensaje “optimista” del manifiesto, que apela ciertamente a los que están en el poder, es que “si queremos salvar el planeta, tendremos que decir adiós a la naturaleza“. A pesar de que el manifiesto no ha captado la atención en España, en latinoamérica, algunos comentaristas se han subido a bordo de este nuevo “ecopragmatismo” con entusiasmo.

El manifiesto comienza con premisas familiares para los que somos ecologistas políticos. La Tierra se ha convertido en un planeta humano. La naturaleza salvaje, en tierras remotas, ya no existe. Somos parte de la naturaleza y constantemente la transformamos. Qué tipo de paisajes producimos, cuáles conservamos y cuáles no, son cuestiones sociales y políticas. ¡No podríamos estar más de acuerdo! Y sin embargo, la mayoría de políticos ecologistas, incluso los más "modernizadores" de entre ellos, se sentirían incómodos (o eso espero) con la agenda resultante de la ecomodernización: energía nuclear, agricultura genéticamente modificada y geoingeniería contra el cambio climático. Y todo ello en el nombre de, bueno, preservar la naturaleza.
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