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3/12/2017
Macarena Vidal Liy
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En la barriada de Xinjian, donde acaba la inmensa mole urbana de Pekín y empieza por fin el campo, ya solo habla el viento. A ráfagas, entre las callejas abandonadas, hace deslizarse un cuaderno de escritura, una lata vacía, pequeños testimonios de lo que fue la vida cotidiana.

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