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| 20/07/2020 Israel Viana |
Se trata de la princesa María y el príncipe heredero Alexei, los últimos grandes emblemas de la dinastía de los Romanov, víctimas de la matanza que acabó con toda la familia en un sótano de Ekaterimburgo durante la revolución bolchevique y que propició el nacimiento de la URSS.
Cuando el 30 de julio de 1918, el Ejército ruso llegó a la ciudad de Ekaterimburgo para salvar a la familia imperial rusa, retenida en la casa Ipátiev por los bolcheviques tras el triunfo de la revolución, hacía ya dos semanas que el Zar Nicolás II, su esposa y sus cinco hijos habían sido brutalmente asesinados. Aquel «crimen vergonzoso», como lo definió Boris Yeltsin en 1998, ha sido uno de los grandes misterios de la historia contemporánea, una herida que nunca terminó de cicatrizar. Seguir leyendo>>
Cuando el 30 de julio de 1918, el Ejército ruso llegó a la ciudad de Ekaterimburgo para salvar a la familia imperial rusa, retenida en la casa Ipátiev por los bolcheviques tras el triunfo de la revolución, hacía ya dos semanas que el Zar Nicolás II, su esposa y sus cinco hijos habían sido brutalmente asesinados. Aquel «crimen vergonzoso», como lo definió Boris Yeltsin en 1998, ha sido uno de los grandes misterios de la historia contemporánea, una herida que nunca terminó de cicatrizar. Seguir leyendo>>

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