| EL PAÍS 05/08/2022 Manuel Vicente Gómez Gómez |
Es la primera vez que la coalición semáforo muestra sus cartas acerca de una de las piedras angulares del euro, sus normas fiscales. En el acuerdo de Gobierno habían pasado de puntillas sobre el tema. Casar la posición de socialdemócratas, verdes y liberales no era fácil. Finalmente lo han conseguido mostrando flexibilidad para reformar las reglas que hay ahora, pero dejando claro, al mismo tiempo, que las normas están para cumplirse y que los cambalaches bilaterales de un Estado con la Comisión no les gustan nada. “Los acuerdos individuales negociados bilateralmente de aplicación de las normas no son el camino a seguir para mejorar el marco fiscal común”, apunta el texto del acuerdo de la coalición del gobierno alemán. O como explicita en el párrafo anterior: “La flexibilidad debe ir acompañada de límites claramente definidos y con la mejora de los mecanismos de aplicación de las normas. Por esta razón, el desarrollo posterior del marco fiscal debe hacer especial hincapié en la aplicación de las normas”. La tradición de la teoría económica alemana asoma en esta redacción: una vez se pactan los límites del campo de juego, se respetan y se dejan claras las consecuencias para que quien incumpla se atenga a las consecuencias, evitando así el riesgo moral.
Los planes de la Comisión Europea para el siguiente curso pasan por abordar el debate de cómo revisar las guías más básicas del pacto de estabilidad y crecimiento que se resumen en dos puntos. El primero consiste en que los presupuestos públicos anuales el déficit no puede superar el 3% del PIB. El segundo, que la deuda de las administraciones de un Estado miembro tiene que estar por debajo del 60%, en caso contrario debe reducirse a un ritmo de un veinteavo al año hasta llegar a ese nivel. Con la llegada de la pandemia, este corsé se soltó. La Comisión Europea activó la llamada cláusula de escape y ahora la mayor parte de países incumplen las normas.
“Demasiados ajustes”
Pero en algún momento deberán volver a aplicarse estas reglas y, si para entonces no hay unas nuevas, habrá Estados miembros que se verían obligados a hacer “demasiados ajustes”. El papel germano no es explícito. No hace falta; habla de Grecia, Italia, Portugal, España, Bélgica, Francia y Chipre, países con pasivos que superan con holgura el 100% del PIB. Para estos, volver a ese nivel del 60% al ritmo de un veinteavo al año acabaría con una contracción económica muy severa y con el riesgo de que, además, se haga imposible hacerlo a la velocidad que obliga el propio pacto de estabilidad. “Por tanto, para evitar sendas de ajuste poco realistas”, expone el documento, se debe garantizar que hay un crecimiento y una estabilidad económicas. Seguir leyendo>>
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