martes, 3 de agosto de 2021

Nueva Zelanda prohibirá las terapias de conversión.

Team Freeda
02/08/2021
Jacinta Arden lleva siendo noticia desde que en 2018 fuese la primera líder mundial en acudir a la Asamblea General de Naciones Unidas con su bebé de tres meses. La Primera Ministra de Nueva Zelanda ha promovido en los últimos años – desde que el aborto y la eutanasia fueron despenalizados- proyectos de ley que auguran un futuro esperanzador para los kiwis: bajas por aborto espontáneo, reparto de compresas y tampones gratuitos para niñas y mujeres, y semana laboral de cuatro días. Nuevamente, su Gobierno presentaba este viernes pasado un proyecto de ley para proteger a la comunidad LGBTQIA+ que prohibirá las terapias de conversión.

Como informó The Guardian, el país ha introducido un proyecto de ley para prohibir las prácticas de conversión, argumentando, en palabras del ministro de Justicia neozelandés, Kris Faafoi, que esta práctica es dañina y “no tiene cabida en la Nueva Zelanda moderna”.

Como os hemos contado en otras ocasiones, las llamadas “terapias de conversión” están orientadas a cambiar la orientación sexual de una persona, y a menudo se publicitan como “curas de la homosexualidad”. Sin embargo, están ampliamente desacreditadas por las autoridades médicas de todo el mundo y su “efectividad” no solo es cuestionable – no es posible u aconsejable tratar de alterar la orientación sexual de una persona y de serlo, no es ético y vulneraría su libertad y sus derechos humanos – sino que este tipo de prácticas son muy nocivas, pues suelen incluir métodos como la hipnosis e incluso los electro shocks.

Más bien al contrario de lo esperado por quienes han “creído” en su efectividad, las terapias de conversión suelen incrementar, según los expertos, el riesgo de depresión y suicidio en las personas que son sometidas a ellas, pues estos tratamientos casi siempre ocurren en contra de la voluntad de pacientes, que además son menores de edad. Al respecto del suicido, concretamente, es un tema que preocupa especialmente a las autoridades en Nueva Zelanda, pues el país tiene la tasa de suicidio juvenil más alta de la OCDE (la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), y esa tasa es especialmente alta entre los jóvenes LGBTQIA+.

El proyecto de la Ley de Prohibición de las Prácticas de Conversión que fue presentado la pasada semana ante el Parlamento – en el que, como informó el diario La Vanguardia el Partido Laborista de Ardern tiene mayoría – penalizará a aquellos que intenten cambiar o suprimir la orientación sexual y establece penas de hasta cinco años de cárcel a los responsables. De hecho, la ley tipifica como delito realizar prácticas de conversión a cualquier menor de 18 años o a cualquier persona incapacitada para tomar decisiones, y prevé una pena de hasta tres años de prisión. Asimismo, tipifica como delito realizar prácticas de conversión que causen “daños graves”, independientemente de la edad de la persona. Esto último conlleva una pena máxima de hasta cinco años de prisión.

Las terapias de conversión, afirmaba el ministro de Justicia neozelandés en un comunicado, tienen el “potencial de perpetuar los prejuicios, la discriminación y el abuso contra los miembros de la comunidad arco iris”. Sin embargo, y como informa siempre The Guardian, las terapias de este tipo siguen siendo legales en muchas partes del mundo, incluido el Reino Unido y muchos estados de EE.UU., a pesar de que un informe realizado por las Naciones Unidas concluyó que tienen los siguientes efectos negativos descritos en las personas que se someten a ellas, además de no poder probarse como efectivas para alterar las preferencias sexuales:

pérdida significativa de autoestima, ansiedad, síndrome depresivo, aislamiento social, dificultad en la intimidad, odio a uno mismo, vergüenza y culpa, disfunción sexual, ideación suicida e intentos de suicidio y síntomas de trastorno de estrés postraumático.

Esperemos que la ley neozelandesa – que ha seguido la estela de otros lugares como Alemania, el estado de Victoria en Australia, Ciudad de México, Albania o España (más recientemente)- ayude a hacer entender a nivel global la necesidad de más legislaciones que garanticen la protección de los menores frente a esta práctica tan cruel y traumatizante. Debemos seguir luchando por desestigmatizar la orientación sexual de todas las personas y preservar la libertad y el bienestar de los niños de la comunidad arcoíris.

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